20 septiembre 2005
Viaje a Tantamayo
Esta viaje fue en abril del 2005, muy chevere, el articulo lo escribi luego del viaje para compartirlo con la familia, y ahora lo comparto aca, porque me gusto mucho:
La partida estaba programada para el miércoles 23 a las 6.30 p.m. de la tarde, nos reunimos a las 6 p.m. en mi casa donde arreglamos la camioneta (los otros carros ya llegaron listos). Partimos (Mari Carmen salio antes para buscar a Fernando Praeli de su trabajo) hacia el norte, la idea era llegar a Barranca a pasar la noche. Nos encontramos con los Praeli en el gripo Repsol después de Pasamayo (donde nos comimos unos panes con chicharrón que estaban buenazos), de ahí partimos hacia Barranca, nadie sabia que estaban construyendo la nueva autopista desde Huacho hasta Barranca, eso nos demoro un poco mas de lo programado, pero no hubo mucho problema a parte de la gran cantidad de trafico.
En Barranca nos alojamos en el clásico hotel Chavin, de donde partimos como a las 8 de la mañana del día siguiente (mi camioneta no arrancaba!!!!,

luego de dos empujadas y mucho sudor y buenos ánimos, logramos encenderla) y empezó la subida hacia el abra de Conococha a 4100 msnm, paramos por un choclito con queso y seguimos la ruta por el desvío hacia Antamina, como a mitad del camino entramos a otro desvío hacia La Unión, a partir de este desvío empezó la tierra (lo mas divertido).

Luego de pasar por La Unión, llegamos a Tantamayo, nadie sabia en que momento íbamos a llegar, hasta que Jaime pregunto, como hago para llegar a Tantamayo, y le respondieron que ya estaba ahí, así que buscamos al famoso “Ilario” y nadie lo conocía, pero si conocían a Eladio (amigo de la hermana de Denise que ha trabajado allá, así que buscamos hospedaje con el, pero como no tenia suficiente camas para todos, nos llevo a otro lado.
Luego de instalados en la casa de Eriberto (lugar donde estaba el único teléfono del pueblo y había Internet desde las 2.30 p.m. hasta las 5 p.m.), empezamos a encender la parrilla, si no me equivoco eran como las 5 p.m. La parrilla estuvo prendida como a las 8 p.m. preparamos unos churrascos y unas salchichitas que estuvieron muy ricas. Cantando entre todos gracias a los piscos que nos bajamos, la noche estuvo muy divertida, acompañados con la luz de la luna, nada pudo ser mejor (salvo la carne que estaba un poco cruda jajaja).

Al día siguiente Eladio nos llevo a conocer los restos arqueológicos de Piruro, teníamos que ir en los carros hasta cierta parte para luego caminar un poco. Para variar la camioneta no prendía, la empujamos le hicimos de todo, y nada, al final encendió no se si por tanta insistencia o porque ya se había cansado de tanta terquedad. Saliendo de Tantamayo nos encontramos con un árbol caído gracias a la lluviaza que no había dejado dormir a nadie (salvo a mi que si no me cuentan no me entero).

Lo primero que pensamos fue cortar el árbol, pero lo único que teníamos era el hacha de juguete de Rosa, que no le hizo ni cosquillas, así que Jaime tuvo que poner a prueba su casi nueva 4runner de 15 años jalando el árbol, pese a la negativa de Denise que decía “como vas a jalar el árbol con la camioneta no!!!!!! Como es posible”, pero si se pudo,

así que luego de mover tremendo arbolazo continuamos viaje hasta que una subida muy difícil nos detuvo, lo que pasaba era que estaba demasiado resbalosa y nos jalaba hacia un costado donde habían unas piedras que no nos permitían el paso, pero luego de poner a prueba las 4x4 y la tremenda experiencia y enseñanza de Jaime y Arturo (y todos los demás que gritaban, ya no se si por experiencia, querer enseñar o simplemente nervios), pudimos pasar dicha subida, luego de eso hubieron un par de situaciones mas en las que Mari Carmen no dejo de bajarse del carro para chequear por donde iba a pasar su carrito (no se si se bajaba por nervios o le decían que se baje porque ponía muy nervioso al piloto). Hasta que llegamos al sitio indicado para empezar la caminata, Arturo que no se decidía si caminar o quedarse durmiendo en el carro, al final luego de que todos se habían ido y yo había puesto la camioneta con la “proa” hacia abajo para no tener que empujar mucho al momento de arrancar, se decidió a ir con todos. Empezamos a caminar y luego de varios resbalones, mucho sudor, la lluvia que nos frenaba y el oxigeno que se nos acababa, llegamos a Piruro,

una impresionante construcción de piedras realizada por los 1200 d.C., justo antes del periodo Incaico. La los restos arqueológicos era un conjunto habitacional con paredes de hasta 5 pisos de alto (solo el perímetro), el cual era muy impresionante.

Luego de esta visita fuimos a otro sitio conocido como “el trencito” donde se suponía eran 300 metros de caminata, pero fueron los 300 metros mas largos de mi vida, luego de caminar como 1 kilómetro todavía me faltaba una subida el triple de empinada para llegar a nuestro destino, fuimos llegando uno a uno casi sin aire, pero al llegar arriba y mirar a nuestro alrededor vimos un paisaje precioso, se veía todo el valle impresionante y gigantesco.

Fue muy bonito. Bajando hacia los carros y luego hacia Tantamayo de regreso, no hubo más que cansancio.
El poblado prehispánico de Piruro en el valle de Tantamayo, fue construido en el Intermedio Tardío, sobre vestigios mucho más antiguos dejados por hombres que vivieron en el mismo lugar, durante el Precerámico final y el Fomativo Inicial. Las excavaciones muestran que los constructores de la aldea tardía no solo tuvieron conocimiento de la última ocupación formativa, por las construcciones arruinadas
El sitio de Piruro fue excavado en los años 80 por Catherine Rossemberg y Elisabeth Bonnier, ellas han hecho estudios sobre la cerámica recuperada en sus excavaciones determinando que por lo menos uno de los grupos identificados fue producida en un sitio lejano y quizás obtenida por intercambio.
La instalación humana en el lugar empieza durante el precerámico final…varios grupos humanos llegan a Piruro y construyeron con fines más o menos religiosos, luego de los hombres del precerámico se instalan otros grupos conocedores de las técnicas alfareras; después de 15 o 20 siglos de abandono el sitio vuelve a ser utilizado como lugar de asentamiento permanente y se construye el amplio complejo de la aldea fortificada.

En nuestra segunda y última noche en el hotel de Eriberto, no pudo faltar el pisco que nos acompaño casi todo el camino y la música (esta vez del equipo de Eriberto, quien nos acompaño esta noche).

Al día siguiente, sin apuro alguno fui a encender la camioneta media hora antes que los demás salieran (todos estaban tomando desayuno). Para variar, no encendía, otra vez a empujar, no hizo efecto, esta vez me quede sin batería de tanto probar, así que recurrimos a los famosos cables y la batería de Fernando. Al final (como siempre) pudimos encender el auto y emprendimos viaje hacia La Unión. No habíamos avanzado mucho cuando la camioneta de los Praeli tuvo que parar debido a un desperfecto en uno de los amortiguadores traseros, nada que la famosa soguita plateada de Mari Carmen no pudiese solucionar, para seguir viaje.

Así llegamos a un punto donde la plataforma de la carretera se había deslizado y apenas pasaban carros pero no buses.

Todos los miembros de nuestro grupo demostraron su capacidad para gritar, decir, indicar (“no no, màs arriba, dobla para la izquierda, ahora para la derecha, ya, ya, bravo”); igual los carros pudieron pasar a pesar de tantas indicaciones juntas.

En La Unión nos ubicamos en el Hostal Picaflor, para luego ir a almorzar a unos Baños “Termales” no muy lejos de la ciudad.
Almorzamos muy rico (en realidad, la ensalada de Mariela estaba exquisita, por lo tanto fue nombrada la “ensaladora oficial”) pero sin embargo los baños dejaron mucho que desear, había una piscina muy sucia y tremendamente fría, la cual se suponía estaba hirviendo, para luego pasar a un cubículo de donde salía un agua muy rica, calientita y termal, lo único de malo es que estaba a la altura de los tobillos, así que tenias que echarte para poder recibir el chorro de agua, además éramos 5 personas dentro del una poza de 0,5 x 1 metro, así que era un poco incomodo, pero no las ingeniamos para bañarnos todos. Otro grupo se fue a una zanja que era el área donde corría la verdadera agua termal. Luego nos fuimos por una sopita de lonchecito, la cual nos reanimo, junto con unas chelitas al tiempo, es decir, heladas.

Regresamos al hotel ya de noche y con solo las ganas de dormir. A pesar de eso algunos nos fuimos a tomar otro par de chelitas a la tiendita de la esquina.
A despertar junto con la salida de la procesión a las 5 a.m., salí para prender el carro, porque partíamos a las 6 a.m. y como había estado fallando para encender, me fui con tiempo.

Eran las 5.20 a.m. cuando me senté en el carro y luego de hacerle sus gracias y caricias, probé el encendido, maravillosamente (y no se si para buena o mala suerte, ya que no me dejo dormir mas tiempo) encendió a la primera sin mucha fufulla y ningún capricho. Inesperadamente éramos el carro que estuvo listo primero y a la hora, echamos gasolina y petróleo, y emprendimos ruta. No mucho rato después nos encontramos con el primer derrumbe, un sitio difícil de pasar pero nada complicado comparándolo con lo del día anterior. Al rato nos encontramos con el segundo, era una parte donde quedaba solamente una parte de la carretera y dicha parte estaba resquebrajada a punto de caerse, no se como pasamos, pero la hicimos todos sanos y salvos, con muchos sustos y bajadas del carro. Después de eso el camino estuvo fácil, era tierra seca, con alguno que otro charquito, hasta llegar al encuentro con la carretera a Antamina, donde empezó la parte aburrida: el asfalto. Llegamos al abra de Yanashala (o algo así) a 4750 m.s.n.m y luego al abra de Conococha (4100 m.s.n.m) donde empezó la ultima bajada hacia Pativilca, pero en el camino mi camionetita empezó a recalentar, todo lo que no había fallado en todo el camino y justo en ese momento, en que habíamos salido a las 6 de la mañana para llegar temprano a Lima, fallaba. Tuve que parar un par de veces a consultar con los profesores a ver si seguíamos o ver que hacíamos, hasta que llegamos a Pativilca con el motor casi fundiéndose. Llegamos al primer grifo (con sombra) y Arturo se fue a buscar un mecánico el cual revisó el carro y dijo que el problema era el radiador,

y eso iba a demorar como 3 horas, así que nos instalamos y apoderamos de gran parte del hotel Chavin en Barranca, a tomar un poco de sol, bañarnos en la piscina, almorzar y ver el partido de fútbol, Perú vs. Brasil.

A las 4.30 p.m. emprendimos viaje otra vez con el radiador reparado y ya sin ningún problema… supuestamente.
Al rato sentí que el carro se movía raro, nadie mas se daba cuenta y no le hice mucho caso, era solo cuando iba despacio. Después de un momento el carro de Arturo se dio cuenta y me hizo señas para parar, lo hice y revisamos pero como no había nada a la vista decidimos seguir despacio. Así lo hicimos hasta llegar a Lima, donde el punto de llegada fue otra vez mi casa.


Así terminaba uno de los mas bonitos viajes en los cuales he estado, gracias tanto al camino y la manejada como a la grata compañía que gozamos unos con otros. Todo salio muy bonito, y todos quedamos muy contentos y creo que ansiosos por el próximo viaje que haya, será en 28 de julio…este…Moyabamba-Tarapoto???
Por si acaso, el carro ya esta en el taller, la llanta estaba un poco floja, parece ser un rodaje, aunque puede ser que esta floja la masa de la rueda. El radiador va a ser revisado y cambiado por uno mas eficiente y el problema de encendido es un problema de altura, el cual ya me explicaron que hacer para que no ocurra (todos los días se aprende algo). Los demás problemas menores también están siendo solucionados.
No se como irán los demás carros.
La partida estaba programada para el miércoles 23 a las 6.30 p.m. de la tarde, nos reunimos a las 6 p.m. en mi casa donde arreglamos la camioneta (los otros carros ya llegaron listos). Partimos (Mari Carmen salio antes para buscar a Fernando Praeli de su trabajo) hacia el norte, la idea era llegar a Barranca a pasar la noche. Nos encontramos con los Praeli en el gripo Repsol después de Pasamayo (donde nos comimos unos panes con chicharrón que estaban buenazos), de ahí partimos hacia Barranca, nadie sabia que estaban construyendo la nueva autopista desde Huacho hasta Barranca, eso nos demoro un poco mas de lo programado, pero no hubo mucho problema a parte de la gran cantidad de trafico.
En Barranca nos alojamos en el clásico hotel Chavin, de donde partimos como a las 8 de la mañana del día siguiente (mi camioneta no arrancaba!!!!,

luego de dos empujadas y mucho sudor y buenos ánimos, logramos encenderla) y empezó la subida hacia el abra de Conococha a 4100 msnm, paramos por un choclito con queso y seguimos la ruta por el desvío hacia Antamina, como a mitad del camino entramos a otro desvío hacia La Unión, a partir de este desvío empezó la tierra (lo mas divertido).

Luego de pasar por La Unión, llegamos a Tantamayo, nadie sabia en que momento íbamos a llegar, hasta que Jaime pregunto, como hago para llegar a Tantamayo, y le respondieron que ya estaba ahí, así que buscamos al famoso “Ilario” y nadie lo conocía, pero si conocían a Eladio (amigo de la hermana de Denise que ha trabajado allá, así que buscamos hospedaje con el, pero como no tenia suficiente camas para todos, nos llevo a otro lado.
Luego de instalados en la casa de Eriberto (lugar donde estaba el único teléfono del pueblo y había Internet desde las 2.30 p.m. hasta las 5 p.m.), empezamos a encender la parrilla, si no me equivoco eran como las 5 p.m. La parrilla estuvo prendida como a las 8 p.m. preparamos unos churrascos y unas salchichitas que estuvieron muy ricas. Cantando entre todos gracias a los piscos que nos bajamos, la noche estuvo muy divertida, acompañados con la luz de la luna, nada pudo ser mejor (salvo la carne que estaba un poco cruda jajaja).

Al día siguiente Eladio nos llevo a conocer los restos arqueológicos de Piruro, teníamos que ir en los carros hasta cierta parte para luego caminar un poco. Para variar la camioneta no prendía, la empujamos le hicimos de todo, y nada, al final encendió no se si por tanta insistencia o porque ya se había cansado de tanta terquedad. Saliendo de Tantamayo nos encontramos con un árbol caído gracias a la lluviaza que no había dejado dormir a nadie (salvo a mi que si no me cuentan no me entero).

Lo primero que pensamos fue cortar el árbol, pero lo único que teníamos era el hacha de juguete de Rosa, que no le hizo ni cosquillas, así que Jaime tuvo que poner a prueba su casi nueva 4runner de 15 años jalando el árbol, pese a la negativa de Denise que decía “como vas a jalar el árbol con la camioneta no!!!!!! Como es posible”, pero si se pudo,

así que luego de mover tremendo arbolazo continuamos viaje hasta que una subida muy difícil nos detuvo, lo que pasaba era que estaba demasiado resbalosa y nos jalaba hacia un costado donde habían unas piedras que no nos permitían el paso, pero luego de poner a prueba las 4x4 y la tremenda experiencia y enseñanza de Jaime y Arturo (y todos los demás que gritaban, ya no se si por experiencia, querer enseñar o simplemente nervios), pudimos pasar dicha subida, luego de eso hubieron un par de situaciones mas en las que Mari Carmen no dejo de bajarse del carro para chequear por donde iba a pasar su carrito (no se si se bajaba por nervios o le decían que se baje porque ponía muy nervioso al piloto). Hasta que llegamos al sitio indicado para empezar la caminata, Arturo que no se decidía si caminar o quedarse durmiendo en el carro, al final luego de que todos se habían ido y yo había puesto la camioneta con la “proa” hacia abajo para no tener que empujar mucho al momento de arrancar, se decidió a ir con todos. Empezamos a caminar y luego de varios resbalones, mucho sudor, la lluvia que nos frenaba y el oxigeno que se nos acababa, llegamos a Piruro,

una impresionante construcción de piedras realizada por los 1200 d.C., justo antes del periodo Incaico. La los restos arqueológicos era un conjunto habitacional con paredes de hasta 5 pisos de alto (solo el perímetro), el cual era muy impresionante.

Luego de esta visita fuimos a otro sitio conocido como “el trencito” donde se suponía eran 300 metros de caminata, pero fueron los 300 metros mas largos de mi vida, luego de caminar como 1 kilómetro todavía me faltaba una subida el triple de empinada para llegar a nuestro destino, fuimos llegando uno a uno casi sin aire, pero al llegar arriba y mirar a nuestro alrededor vimos un paisaje precioso, se veía todo el valle impresionante y gigantesco.

Fue muy bonito. Bajando hacia los carros y luego hacia Tantamayo de regreso, no hubo más que cansancio.
El poblado prehispánico de Piruro en el valle de Tantamayo, fue construido en el Intermedio Tardío, sobre vestigios mucho más antiguos dejados por hombres que vivieron en el mismo lugar, durante el Precerámico final y el Fomativo Inicial. Las excavaciones muestran que los constructores de la aldea tardía no solo tuvieron conocimiento de la última ocupación formativa, por las construcciones arruinadas
El sitio de Piruro fue excavado en los años 80 por Catherine Rossemberg y Elisabeth Bonnier, ellas han hecho estudios sobre la cerámica recuperada en sus excavaciones determinando que por lo menos uno de los grupos identificados fue producida en un sitio lejano y quizás obtenida por intercambio.
La instalación humana en el lugar empieza durante el precerámico final…varios grupos humanos llegan a Piruro y construyeron con fines más o menos religiosos, luego de los hombres del precerámico se instalan otros grupos conocedores de las técnicas alfareras; después de 15 o 20 siglos de abandono el sitio vuelve a ser utilizado como lugar de asentamiento permanente y se construye el amplio complejo de la aldea fortificada.

En nuestra segunda y última noche en el hotel de Eriberto, no pudo faltar el pisco que nos acompaño casi todo el camino y la música (esta vez del equipo de Eriberto, quien nos acompaño esta noche).

Al día siguiente, sin apuro alguno fui a encender la camioneta media hora antes que los demás salieran (todos estaban tomando desayuno). Para variar, no encendía, otra vez a empujar, no hizo efecto, esta vez me quede sin batería de tanto probar, así que recurrimos a los famosos cables y la batería de Fernando. Al final (como siempre) pudimos encender el auto y emprendimos viaje hacia La Unión. No habíamos avanzado mucho cuando la camioneta de los Praeli tuvo que parar debido a un desperfecto en uno de los amortiguadores traseros, nada que la famosa soguita plateada de Mari Carmen no pudiese solucionar, para seguir viaje.

Así llegamos a un punto donde la plataforma de la carretera se había deslizado y apenas pasaban carros pero no buses.

Todos los miembros de nuestro grupo demostraron su capacidad para gritar, decir, indicar (“no no, màs arriba, dobla para la izquierda, ahora para la derecha, ya, ya, bravo”); igual los carros pudieron pasar a pesar de tantas indicaciones juntas.

En La Unión nos ubicamos en el Hostal Picaflor, para luego ir a almorzar a unos Baños “Termales” no muy lejos de la ciudad.
Almorzamos muy rico (en realidad, la ensalada de Mariela estaba exquisita, por lo tanto fue nombrada la “ensaladora oficial”) pero sin embargo los baños dejaron mucho que desear, había una piscina muy sucia y tremendamente fría, la cual se suponía estaba hirviendo, para luego pasar a un cubículo de donde salía un agua muy rica, calientita y termal, lo único de malo es que estaba a la altura de los tobillos, así que tenias que echarte para poder recibir el chorro de agua, además éramos 5 personas dentro del una poza de 0,5 x 1 metro, así que era un poco incomodo, pero no las ingeniamos para bañarnos todos. Otro grupo se fue a una zanja que era el área donde corría la verdadera agua termal. Luego nos fuimos por una sopita de lonchecito, la cual nos reanimo, junto con unas chelitas al tiempo, es decir, heladas.

Regresamos al hotel ya de noche y con solo las ganas de dormir. A pesar de eso algunos nos fuimos a tomar otro par de chelitas a la tiendita de la esquina.
A despertar junto con la salida de la procesión a las 5 a.m., salí para prender el carro, porque partíamos a las 6 a.m. y como había estado fallando para encender, me fui con tiempo.

Eran las 5.20 a.m. cuando me senté en el carro y luego de hacerle sus gracias y caricias, probé el encendido, maravillosamente (y no se si para buena o mala suerte, ya que no me dejo dormir mas tiempo) encendió a la primera sin mucha fufulla y ningún capricho. Inesperadamente éramos el carro que estuvo listo primero y a la hora, echamos gasolina y petróleo, y emprendimos ruta. No mucho rato después nos encontramos con el primer derrumbe, un sitio difícil de pasar pero nada complicado comparándolo con lo del día anterior. Al rato nos encontramos con el segundo, era una parte donde quedaba solamente una parte de la carretera y dicha parte estaba resquebrajada a punto de caerse, no se como pasamos, pero la hicimos todos sanos y salvos, con muchos sustos y bajadas del carro. Después de eso el camino estuvo fácil, era tierra seca, con alguno que otro charquito, hasta llegar al encuentro con la carretera a Antamina, donde empezó la parte aburrida: el asfalto. Llegamos al abra de Yanashala (o algo así) a 4750 m.s.n.m y luego al abra de Conococha (4100 m.s.n.m) donde empezó la ultima bajada hacia Pativilca, pero en el camino mi camionetita empezó a recalentar, todo lo que no había fallado en todo el camino y justo en ese momento, en que habíamos salido a las 6 de la mañana para llegar temprano a Lima, fallaba. Tuve que parar un par de veces a consultar con los profesores a ver si seguíamos o ver que hacíamos, hasta que llegamos a Pativilca con el motor casi fundiéndose. Llegamos al primer grifo (con sombra) y Arturo se fue a buscar un mecánico el cual revisó el carro y dijo que el problema era el radiador,

y eso iba a demorar como 3 horas, así que nos instalamos y apoderamos de gran parte del hotel Chavin en Barranca, a tomar un poco de sol, bañarnos en la piscina, almorzar y ver el partido de fútbol, Perú vs. Brasil.

A las 4.30 p.m. emprendimos viaje otra vez con el radiador reparado y ya sin ningún problema… supuestamente.
Al rato sentí que el carro se movía raro, nadie mas se daba cuenta y no le hice mucho caso, era solo cuando iba despacio. Después de un momento el carro de Arturo se dio cuenta y me hizo señas para parar, lo hice y revisamos pero como no había nada a la vista decidimos seguir despacio. Así lo hicimos hasta llegar a Lima, donde el punto de llegada fue otra vez mi casa.


Así terminaba uno de los mas bonitos viajes en los cuales he estado, gracias tanto al camino y la manejada como a la grata compañía que gozamos unos con otros. Todo salio muy bonito, y todos quedamos muy contentos y creo que ansiosos por el próximo viaje que haya, será en 28 de julio…este…Moyabamba-Tarapoto???
Por si acaso, el carro ya esta en el taller, la llanta estaba un poco floja, parece ser un rodaje, aunque puede ser que esta floja la masa de la rueda. El radiador va a ser revisado y cambiado por uno mas eficiente y el problema de encendido es un problema de altura, el cual ya me explicaron que hacer para que no ocurra (todos los días se aprende algo). Los demás problemas menores también están siendo solucionados.
No se como irán los demás carros.
Publicado por Juan a las 12:08 PM









